Otoño (2016)

Al Otoño lo conocemos desde hace muchos años.  Hemos disfrutado de sus mágicos atardeceres, gozado de su luz amable, saboreado sus frutos tan melosos y paseado sus alamedas y orillas  oyendo nuestras pisadas como una música que acompasa nuestros sentires en un abrazo cálido y tierno.
Pero el Otoño, sigue siendo para nosotros un enigma que no podemos descifrar y un reto que no conseguimos alcanzar. Porque, diganos  cómo se puede fotografiar la melancolía, la soledad, el amor inconcluso, el lenguaje de los vientos, la mirada sin fin, el sabor de la boca amada o el escalofrío de un beso robado. Es que es la estación de los sentimientos más profundos  y más íntimos. Y eso, amigo es muy difícil meterlo en un fotograma.
Podríamos ser, como dijo el poeta, un pajáro y abarcar con la mirada los colores  de los campos yermos y ocres, los amarillos de despedida de los bosques que bostezan y los azules profundos de los cielos. Pero para nosotros, con los tiempos que corren, mejor sería que fuesemos un dron.

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