Otoño 2017

Tenía que escribir sobre el otoño, pero como soy un pobre aprendiz de escritor y sin oficio, busqué inspiración en los tópicos de siempre. Que si la hojas caídas, la tan manida lluvia tras los cristales, el amor olvidado y lejano, o las castañas, la vendimia, las chirimoyas, los melocotones y las nueces. Lo de siempre, vamos.  Pero resulta que las ventanas hay que tenerlas abiertas para que entre el fresquito. Que si antes bebías indolente y sorbo a sorbo un vino generoso, ahora lo que sigue apeteciendo es una cervecita helada. Y cómo puedo relatar un paseo solitario por el bosque, si lo que hago cada día es frecuentar la playa extensa y luminosa. Será lo que dicen los agoreros del cambio climático que viene y, a lo mejor, llevan razón.

Pero a mí lo que más me mortifica, es que estoy deseando de ponerme una rebequita y guardar los nikis de una vez.

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