Como ciegos que han perdido su camino, así vamos este año. Cuando un pueblo abomina de sus raíces, desprecia sus tradiciones, recurre al burdo plagio y copia, sin el más mínimo pudor, lo que se hace en otros lares, es que se encamina inexorablemente a la decadencia.
El Carnaval de Cádiz nunca se distinguió por sus disfraces rutilantes y ostentosos; unos trapos, un plumero, un cartucho en la cabeza y a la calle. Si algo lo hizo diferente, fue la imaginación, la creatividad y sobre todo, la crítica mordaz, con gracia, que no dejaba títere con cabeza. Pero eso ya no existe. Una demagogia barata y comercial, más una politización interesada, han abaratado y ocupado el sitio que antes tenía el verdadero y auténtico sentir gaditano.
Este año, rememorando aquellos tiempos de glorioso ingenio, nos disfrazamos de mamarrachos y criticamos, de pasada, algunos aspectos de la actualidad. ¡Tipo, tipo!
Acostumbrados como estamos a hacer trabajos corales y sobre todo, consensuados; este año hemos decidido enseñar esta muestra de nuestros trabajos más personales, para exhibir en libertad y sin condicionamientos los estilos y visiones fotográficas de cada uno de nosotros. Seguro que no son las mejores, ni las más originales ni las más creativas. Pero tengan por seguro que sí son las más singulares.